lunes, 22 de noviembre de 2010

Fin de semana de comidas incesantes y mucho frio

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Este fin de semana hemos estado en lo que llamo yo una ruta para comer y comer. Ha sido una jornada gastronómica en la que han convocado a muchos bloggers que escriben acerca de gastronomía, uno de ellos es mi marido. Allí nos encontramos nosotros, encantados de la vida.

He podido darme cuenta del encanto que hay alrededor de la comida, el ámbito gastronómico me resulta realmente curioso, las catas del vino, las catas de aceite, la cultura que hay a su alrededor es asombrosa, el proceso de elaboración y la ilusión que, al parecer, ponen en ello los dueños de las empresas.

El primer día llegamos cansados pero con el ánimo subido, un ánimo de llegar a algo nuevo y locos por comenzar a hacer cosas. A las 16:30 comenzamos con una cata de vinos... ¡madre mia! Eso lo contará más detenidamente uno que yo me sé.

Nos bebimos ocho cavas, ocho vinos blancos y ocho vinos tintos, de regalo una sidra... Para ir acompañando nos pusieron una rueda doce quesos, quesos de cabra y de vaca. Muy buenos todos, pero muy pocos. Eran ocho porciones para toooodos esos vinos.

Buchito y bocaito, buchito y bocaito... en eso consistía la cosa después de escuchar una explicación muy rápida de lo que teníamos entre manos. Al final debíamos pensar qué queso nos gustaba más con qué vino... como comprenderéis, al principio (hablo por mí) me lo tomé medio en serio, después... ya no.

Mi acompañante se comió el primer queso entero... me dijo "uy qué bueno está esto Chata" Pero se quedó sin queso. Era queso blanco, y yo le di la mitad del mio, el pobre. Estaba leyendo algo y no escuchó la parte de no comerse todas las porciones enteras, la parte en que decía que esas pocas porciones eran para todos los vinos.

En la mesa nos acompañaban unos guiris, que no sabían ni papa de español. Con lo cual, se comieron los quesos de una sentada, y se cogieron una castaña... qué risa.

Las cosas iban según su curso y al final ya no nos acordábamos de cómo sabían los vinos... y esque en una hora y media... menos mal que no nos bebimos todas las copas de la cata, porque nos la bebemos todas y aun estáríamos de resaca.

Ese día cenamos de lo lindo en un restaurante que se llama  "La metáfora" ayyy, comimos muy bien, aunque las sillas brillaban por su casi ausencia, habían cuatro sillas para un intervalo de entre 0 y 30 personas (a qué te recuerda kikas) (no recuerdo cuántas personas estábamos allí exactamente).

Me caia de sueño al final, no he hablado del frio increible que hacía. Pues sí... tenía todo mi cuerpo helado y no iba fresca, iba tapadita hasta las orejas,pero tenía frio. cometí el terrible error de equivocarme de calzado. Unos tenicillos con suela fina (por no decir una porquería de suela) no son apropiados para un viaje de este calibre, estábamos al lado de la sierra...

Como no podía ser de otra manera, volví a equivocarme al día siguiente, un día que auguraba mucho frio, un día interersante a más no poder, un día intenso, lleno de actividades, un día, en definitiva en que debía estar más que descansada.

Para empezar antes de llegar al hotel ya estaba dormida, o casi.

No podía ni hablar un cansancio súbito me dominaba en la noche y contrarrestando el frio me mantenía despierta. Cuando entré no me acosté con la ropa porque no podía, pero me quedé dormida en el acto. La calefacción estaba muy alta y a las cinco de la mañana (empezamos el día) con un montón de mocos, la cabeza me dolía, no podía respirar y un calor... que me agobiaba.

Me levanté con la ilusión de sentir el suelo del cuarto de baño fresquito en mis pies. Al ir avanzando por la habitación, ni el airecillo que había me refrescaba, todo caliente, infernalmente caliente y agobiante. Al entrar en el cuarto de baño, suelo caliente, grifo caliente y agua del grifo que debia ser fria... caliente también.

Dí media vuelta y me metí en la cama. Después me dormí pero ya no me dormí mucho. Dan las ocho y media y nos levantamos, aseamos y a desayunar. Vaya desayuno... Parecía que a mi acompañante no le habían dado de comer  en una semana... qué pechá se metió el pobre muchacho. Yo comí... Pero él se llevó la palma.

Como había pasado mucho calor en la noche, me vestí abrigada pero para el desayuno se me olvidó pensar en el calzado, vaya que no se me olvidó, ni se me ocurrió.

Ese día fue transcurriendo mitad en autobús, mitad en bodegas, y mitad durmiendo.

Sí... me dormía hasta en los rincones de Granada, me dormía de pie, sentada... se me iba el cuerpo. Y se me notaba un poco. Me desperté cuando me di cuenta de que mis tenicillos (o mierda de tenis) tenían y tienen una rajilla en la suela.

Si unimos llueve a cántaros con rajita en la suela del zapato tenemos un pie helado de frio y el otro también. Me helaba y me moría de sueño, así que me fui a dormir al autobús. Lo curioso es que las mujeres de sesenta años estaban más contentas y más habladoras... que yo. Más bien yo parecía una abuela de ochenta años y ellas una jovencita de vientitantos como la que os escribe. Tiene tela...

Después de aquella siestecita ya me desperté un poco y el resto de la tarde fue bien. Nos regalaron un aceite a cada uno. Resulta que el mismo es de la aceituna aun verde en el árbol. Se ve realmente verde. ÇImaginaos cómo estará. El aceite se llama "Amarga y pica" y está muy bueno.

Esa tarde nos llevaron a n tablado flamenco, donde las mujeres bailaron muy bien, pero el hombre bailó mucho mejor, con un nervio... oh! genial genial.

Como guinda para el fin de semana. fuimos a ver el Mirador de San Nicolás. Preciosa vista de la Alhambra mucho frio, mucho frio... Pero preciosa.

Al lado resulta que había un restaurante que fue donde cenamos. Madre mía qué bueno estaba todo, el ambiente completamente acogedor, los camareros muy atentos, muy serviciales y muy puntuales. Todo con un sabor exquisito, no solo culinariamente, sino en general.

Como resultado tengo un fin de semana lleno de risas, de comida y un resfriado con oido taponado. Lo mejor de todo... Mi marido

9 comentarios:

Kikas dijo...

Tu laxitud en el trato de las cifras me preocupa, Malvi. Espero que sea solo hablando de sillas, de personas, o de edades.
Como sea hablando de proporciones e ingredientes...¡menudo potaje!
Un ósculo desde lejos...pero lejos que te privas

Malvi dijo...

CLAAAARO, las proporciones y los ingredientes los llevo al pie de la letra, es más sé la cantidad exacta. Cuando desconozco las cifras ya es cuando echo mano de los intervalos. Acierto siempre y ya está :) jejjeje

Cómo de lejos?

Ósculos desde aquí hasta lejos que te privas

Kikas dijo...

Pues bastante lejos ...Curaçao...¿te suena?
Los camareros negros bailan ritmos caribeños y hablan holandés ¿Te lo puedes imaginar?
;-)

Willy dijo...

Q guay y qué cosas ésto del mundo de los blogs jejejeje... Granada? normal q pasases frío... hay buena diferencia...me pasa a mí cuándo salgo de aquí y tiro para allá un finde...

Por cierto, hermosa ciudad eh... puedes perderte en cualquier rincón... y el mirador de San Nicolás es sencillamente un rincón tremendo dónde poder pensar yd ejar volar tu imaginación...

Malvi dijo...

No me puedo imaginar a un negro hablando en holandés...NO LE PEGA KIKAS!!

Seguramente tiene que hacer un tiempecito ganeial para ir a la playa, y tomar el sol... mmmm
Willy! Granada es una ciudad muy bonita, ahora mismo está todo leantado por las obras del metro... y es un rollo circular por ahí en el coche, y si vas andando... te mueres del frio. El Mirador de San Nicolás...yo había estado en otr ocasión, pero era de día... al ser de noche... gana un mogollón. Es precioso y una paz... vaya vaya... tenemos que volver. Acdemás, mi hermana vive allí, iremos a ver alguna vez más

besos!!

Carrascal Bollo dijo...

Como un chiste que me sé.... "Menos mal que soy de Málaga" porque paso frío aquí.... Así que cuando paso las pedrizas SUFRO.

No me quiero ni imaginar mis antepasados (de un pueblecito de Soria) en un valle, todo nevado, y sin polares ni calefacción central...

Imagino que un buen caldo hecho con leña en la chimenea de la casa lo arreglaría todo.... ummmm. Porque se puede pasar frío pero si uno se alimenta bien..... jajaja. Buena combinación.

Muchas gracias por contarnos tus experiencias y tan bien contadas malvi.

¡Un saludo!

Malvi dijo...

Si no habían polares, pues habrían otras cosas... o quizás la gente no era tan delicada. Pero vaya... a mi me encanta el frio, pero estando bien calentita, con mis zapatos bien y sin rajilla, con mis pies calentitos, sin estar resfriada... en fin, las cosas bien.

Un buen vegetal o un buen puchero... desde luego lo arregla todo.

Madre mia si lo arregla todo.

un beso y gracias por los comentarios

Guillermo dijo...

Asumo que este año a Melchor, Gaspar y Baltasar les vas a poner por zapatos y junto al arbol el mencionado "calzado rajado" y que en tu lista llevarás unas botas espectaculares ....por cierto, la promiscuidad de bebidas y quesos me parece de un deleite de sentidos increible. Ciertamente en nuestra patria es cosa probada el buen yantar. Debo manifestar, no obstante mi mas absoluta reprobación por huir del vulgarismo cuando es el que le aporta la connotación de su mejor significado y asi lo admite nuestra amada Academia...tablao. ¡Amonó , ahi, con unas siguidillas niña"

Malvi dijo...

Por favor Guille qué redicho que eres! En relación a mi calzado, o mierda de tenicillo. Desde que llegamos de Granada no lo quiero ni ver, está guardado en el armario, esperando que haga buen tiempo, creo... porque hasta el verano creo que no me los voy a volver a poner.

Eres tan redicho que la última frase, en la que reprobas, no la entiendo.

Quizás no me ponga nunca más esos zapatos, les tengo manía.

El año pasado no, el anterior, tenía yo una tenicillos blacos muy churriosos que casi me los ponía hasta para dormir. Como eran la comodidad absoluta y muy ligeros me los puse para hacer la ruta del rio chillas, tu verás, después los pongo al sol y se secan.

Bien... después de aquello no solo no me los he vuelto a poner, sino que los tiré a la basura... qué dolor de pies... y cuánta manía les tomé.

un beso Guille. Gracias por tu comentario