sábado, 21 de julio de 2012

Hay miradas... que hablan y dicen

Muchas veces hablamos de mirar algo con tanta frescura que se nos pasa por alto la importancia que tienen las miradas.

No es lo mismo mirar que observar. Parece que el mirar es como más superficial, pero cuando miras puedes decir tantas cosas...

Con el mirar está la mirada, ambos van de la mano.

Hay miradas que con su luz hablan.

Hay miradas tan penetrantes que pueden hacerte temblar, ya sea de deseo, ya sea de amor, ya sea de miedo o de todo junto.

Hay miradas que desnudan y te provocan un calor sofocante subiendo espalda arriba, miradas que te hacen vibrar, miradas que vibran. También hay otras miradas que tapan.

Hay miradas que te hacen vibrar. Otras que vibran contigo

Hay miradas, que sin querer, confiesan secretos.

Hay miradas que no pretenden serlo y miran de soslayo... siéndolo todo en secreto y otras que lo son todo de frente, sin tapujos. Miradas que se deshacen de amor. Miradas encantadas.

Hay miradas tan llenas de sentimiento que lo dicen todo y hay miradas tan vacías que no dicen nada aunque quieran decir algo.

Hay tanta magia en una mirada, hay tanta verdad...

viernes, 22 de junio de 2012

Mis chancletas rosas

Yo no sé si es normal. Pero desde que soy madre, la barra de labios y los taconcitos han quedado en el olvido. No sé cómo ha ocurrido pero zapatos que me ponía y consideraba mis "asiduos" me parecen horriblemente incómodos. ¿Cómo puede ser que una cuñita de tres dedines hagan que me tambalee al andar?

Se acabó el Tematacón. Bienvenidos los zapatos planos, y como me dé por un zapato, ese zapato parecerá cosido a mis pies, vaya que solo falta que me duche con ellos.

Este es el caso de las "chancletas" (como dice mi abuela) rosas. Me las compré para ir a natación en las rebajas de Enero un montón de años atrás. Ya ves... un euro... No me las quito para nada, parecen parte de mi piel y esque me hacen sentir tan tan cómoda y tan fresquita que ¿para qué buscar más?

Pues he de buscar otras, porque estas están empezando a morir, ya mismo podremos escribir en ella, porque está tomando el grososr de un folio, un agujerito incipiente en mi talón me está informando de que el fin de las chancletas rosas está cerca.

Me da pena. La misma pena que cuando las chancletas de esparto murieron también tarde un par de años en volver a enamorarme de unas nuevas. Cuando hablo de enamorarme de unas chancletas hablo de amor de verdad... Nos hacemos inseparables y vamos juntas a todos lados... Ya veis, un día me las llevé al laboratorio donde trabajaba.

Se me olvidó cambiarme de zapatos y fijaos... en chancletas, no podía parecer más cateta.

jueves, 15 de marzo de 2012

El valor

Érase una vez un joven que acudió a un sabio en busca de ayuda.
-Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo ganas de hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto.
¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo: «Cuánto lo siento, muchacho. No puedo ayudarte, ya que debo resolver primero mi propio problema. Quizá después...». Y, haciendo una pausa, agregó: «Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar».
-E... encantado, maestro -titubeó el joven, sintiendo que de nuevo era desvalorizado y sus necesidades postergados.
-Bien -continuó el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo meñique de la mano izquierda y, dándoselo al muchacho, añadió-: Toma el caballo que está ahí fuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, y no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó al mercado, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes, que lo miraban con algo de interés hasta que el joven decía lo que pedía por él.
Cuando el muchacho mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le giraban la cara y tan sólo un anciano fue lo bastante amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era demasiado valiosa como para entregarla a cambio de un anillo. Con afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un recipiente de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.
Después de ofrecer la joya a todas las personas que se cruzaron con él en el mercado, que fueron más de cien, y abatido por su fracaso, montó en su caballo y regresó.
Cuánto hubiera deseado el joven tener una moneda de oro para entregársela al maestro y liberarlo de su preocupación, para poder recibir al fin su consejo y ayuda.
Entró en la habitación.
-Maestro -dijo-, lo siento. No es posible conseguir lo que me pides. Quizás hubiera podido conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.-Eso que has dicho es muy importante, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos conocer primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar tu caballo y ve a ver al joyero. ¿Quién mejor que él puede saberlo? Dile que desearías vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca: no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar.
El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo al chico:
-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya mismo, no puedo darle más de cincuenta y ocho monedas de oro por su anillo.-¿Cincuenta y ocho monedas? -exclamó el joven.-Sí -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de setenta monedas, pero si la venta es urgente...
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
-Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte un verdadero experto.
¿Por qué vas por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor? Y, diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo meñique de su mano izquierda

Este cuento me lo he encontrado en facebook, y me ha encantado, por eso lo quiero compartir con vosotros. No es mio :)

lunes, 26 de diciembre de 2011

Día de Reyes

 Había luces tenues detrás de la puerta, que parecía entreabierta y permanecí sentada en el escalón, ¿qué hacer? ¿entrar? ¿no entrar? Ya me habían dicho papá y mamá que a los Reyes Magos no se los podía molestar mientras estaban trabajando.

Escuché sus risas y el chocar de las copas, eso era perfecto porque debajo del árbol les había dejado unas copitas con una botella de vino. Mi papi me aconsejó cuál dejarles y, como nunca se equivoca, pues ahí se la dejé, con caramelos de la cabalgata y un barreño con agua para los camellos.

Me volví a la cama muy nerviosa. "Están en mi salón" sólo pensaba que estaban conmigo y no les podía hablar para decirles que el caramelo que había cogido para Peter y me había comido yo había sido sin querer, que he sido muy buena, ¡no quiero carbón!.

El nerviosismo se iba apoderando de mí poco a poco y decidí intentar dormirme, así llegaría antes la mañana y de ese modo jugaría antes.

No pude dormir. Así que empecé a contar, UNO, DOS TRES, CUATRO.... CIEN, ciento uno... ciendo quince.... cient....

¡ES DE DÍA!

Corriendo fui a por Peter, a por Mamá y Papá. ¡Los Reyes han venido! Huele a su perfume... y los camellos habían dejado paja en la entrada de la casa, mamá se llevó las manos a la cabeza, tenía que limpiar. Qué gracioso, porque en la entrada se les había olvidado un regalito, Se les olvidó una hucha de princesa, ¡tenía dinero!

Mi madre me dijo que era mejor guardarla.

El salón estaba repleto de juguetes, pero ninguno de lo que había pedido. ¡Qué cosas! quizás no entendían mi letra, siempre me han dicho que tengo una letra muy sucia, pero me extraña, porque esta vez, para que lo entendieran bien, hice la carta en una hoja del colegio, con cuadritos y muy despacito, así que la letra, estaba bien.

Jugando con todos mis nuevos juguetes, me paré a pensar en lo que los Reyes Magos habían hecho. En una noche... todas las casas del mundo... Es mucho, Mamá dice que es magia...

Pero sé que ese tipo de magia no existe....

sábado, 24 de diciembre de 2011

Felices fiestas a todos.

Espero que todos los deseos y anhelos se vean cumplidos.

Un besazo