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Mis chancletas rosas

Yo no sé si es normal. Pero desde que soy madre, la barra de labios y los taconcitos han quedado en el olvido. No sé cómo ha ocurrido pero zapatos que me ponía y consideraba mis "asiduos" me parecen horriblemente incómodos. ¿Cómo puede ser que una cuñita de tres dedines hagan que me tambalee al andar?

Se acabó el Tematacón. Bienvenidos los zapatos planos, y como me dé por un zapato, ese zapato parecerá cosido a mis pies, vaya que solo falta que me duche con ellos.

Este es el caso de las "chancletas" (como dice mi abuela) rosas. Me las compré para ir a natación en las rebajas de Enero un montón de años atrás. Ya ves... un euro... No me las quito para nada, parecen parte de mi piel y esque me hacen sentir tan tan cómoda y tan fresquita que ¿para qué buscar más?

Pues he de buscar otras, porque estas están empezando a morir, ya mismo podremos escribir en ella, porque está tomando el grososr de un folio, un agujerito incipiente en mi talón me está informando de que el fin de las chancletas rosas está cerca.

Me da pena. La misma pena que cuando las chancletas de esparto murieron también tarde un par de años en volver a enamorarme de unas nuevas. Cuando hablo de enamorarme de unas chancletas hablo de amor de verdad... Nos hacemos inseparables y vamos juntas a todos lados... Ya veis, un día me las llevé al laboratorio donde trabajaba.

Se me olvidó cambiarme de zapatos y fijaos... en chancletas, no podía parecer más cateta.

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