domingo, 23 de agosto de 2009

Por si no lo sabes...


Una ráfaga de aire gélido petrificó su rostro dejando, para siempre, aquella imagen congelada en su memoria... acababa de peder a su madre, y expresaba todo el dolor contenido en una lágrima, su desazón me llegó tan hondo, me enseñó tanto a sentir, que nunca más pude olvidarme de ella.... Lala... por eso quise protegerla siempre.

Su cara no era de las más bellas que jamás hubiera visto, pero expresaban mucha bondad, y eso la hacía especial. Su voz, no era como la de un ángel, pero ella no hablaba si no era para ayudar a los demás llenándoles los oidos de consejos y bonitos cuentos a los niños.

Ella, en estado puro, inducía a soñar, a ser libres, a ver el cielo siempre azul o las noches siempre estrelladas. Ella, para mí lo constituía todo, poco a poco se convirtió en la base de mi ser, en la base de mi pensamiento y la quise tener hasta el final de mis días aquí, conmigo.

La mañana del 5 de Julio de hace dos años, recuerdo que no sabía qué hacer, estaba acostado en un sillón disfrutando de una brisita maravillosa, miraba por el balcón cómo jugaban los niños y se me antojaba aquello muy divertido, incluso envidiable (una sonrisa infantil me asomaba por el rabillo del labio). Me hubiera gustado volver a ser niño y jugar al escondite.

Lala estaba fregando los platos y, como quien no quiere la cosa, se acercó a mí y me preguntó si era demasiado tarde para ir a casa de mi hermano, echaba de menos a los niños y tenía muchas ganas de verlos.

Yo, como no tenía nada que hacer accedí, no con muchas ganas, porque los niños de mi hermano Ramón me ponen nervioso, son de esos niños que gritan y gritan hasta conseguir lo que quieren, casualidad es que con Lala sepan hablar muy bajito, parece que están conspirando constantemente.

Es complicado, pero en el fondo de todo, me gusta verla así, feliz, sonriendo y conspirando con los hijos de mi hermano.

Cuando llegamos a la blanca y brillante casa de Ramón (importante arquitecto, eso lo explica todo) aparecen de un escondite esos dos bichillos y se me recuelgan, me llevo bien con ellos. Es una fiesta de juegos y carreras, los levanto a uno y a otra una y otra vez... hasta que aparece Lala...

Lala les da calma, y saca de ellos una dulzura que insisto no comparten con los demás, al menos conmigo son más juguetones que dulces, más bromistas, que seres adorables.

Saludo a mi hermano y a su mujer, quien aprovecha la visita para terminar de hacer muchas cosas que con los chicos no puede hacer.

Hace mucho que no veo a Ramón, y siempre tenemos muchas cosas de las que hablar, la Tía Azucena, los hijos que no la ven, el Abuelo, política, deporte... En este último tema nos detenemos bastante, haciendo y deshaciendo equipos para antojo propio, para que gane nuestro equipo, o para empezar a montar la liga de Baloncesto por internet, hacemos apuestas y firmamos un papel jurando cumplir una apuesta de 20€ a pagar al que gane de los dos... Es divertido, me río bastante con él, al fin y al cabo es mi hermano.

De fondo, y sin que yo le quite el ojo de encima, está Lala con los niños. Mientras bromeo con Ramón ella está revoloteando en el jardín, enseñando canciones a mis sobrinos. Normalmente busco el sitio donde se sientan, y procuro sentarme de manera que siempre la tenga en mi punto de mira. He de reconocer que me encanta.

Sonriendo, cantando, disimulando ser malvada y haciendo puestos de mercadillo donde enseñar a contar, sumar, restar... todo mediante juegos, todo riendo... sí... ella desea un bebé, al que mimar, enseñar, al que proteger y querer... ella está preparada...

AL final del día, en el coche de vuelta a casa, embriagado por su sencillez, y por todo lo que ella representa le digo:

- Quiero tener un bebé, quiero que tengamos un bebé.

En ese momento, no dijo nada, estuvo callada todo el trayecto a casa, estaba descorazonado, porque pensaba que ella no querría, que estaba equivocado, que no era bastante para ella... no sé, estaba confundido.

Tan alejado de la realidad estaba que no me percaté de que sonreía, se acariciaba el vientre. Al llegar, tan sólo me dijo:

- GRACIAS... Cariño, estoy embarazada.

5 comentarios:

Oscuridad dijo...

Bellísimo... Sin palabras.

Malvi dijo...

Muchas gracias... Lo cierto es que para haber salido casi sin pensarlo, estoy contenta.

un saludo

Malvi

Reithor dijo...

Entiendo que decir esas palabras generan un torbellino de pensamientos que se corresponden con todo esto :) Está muy bien plasmar todo lo que hay dentro cuando se va a decir ese final.

Un abrazote

Malvi dijo...

gracias, de nuevo. Ha sido muy bonito escribir este relato.. incluso yo lo leo (aunque sea mio) de vez en cuando. En él siento lo que realmente quiero expresar. Gracias de nuevo

Maat dijo...

Muy dulce... una situación cotidiana entrañable