viernes, 6 de mayo de 2011

Érase una vez un bicho negro y feo que enamoró a una niña pequeña

No tenía cámara a mano antaño y
no le pude hacer foto alguna.
Así que esta está sacasa de aquí
(una web interesante, dicho sea
de paso)
Hace ya algún tiempo, mi hermana pequeña se encontró un bicho horroroso, pero para sus pequeños grandes ojos y gracias a un corazón inmenso, ese bicho era lo más bonito que ella había visto, ya ve... era negro, con antenas... muy feo... Lau era muy pequeña y con eso lo digo todo... lo adoptó con mucho agrado.

Al bicho le puso un nombre que no me acuerdo cuál, decidiendo por sí misma que era una hembra. Encontró una caja de zapatos vacía, le hizo unos agujeros para que respirara el animal y le metió un juguete para que jugara y un trapito por si tenía frío. Metió el bicho en la caja y se lo enseñó a mi padre.

Cuando mi padre le dijo que debía devolverlo a la naturaleza, que no se lo podía quedar, que ese animal-bicho tenía una madre que lo estaba buscando, que seguramente tenía hermanitos... la angustia y la pena de mi hermana se desbordaron y dieron lugar a un triste llanto.

Cuando vio mi padre lo que había hecho, le prometió una tortuga. Entonces se le pasó y me doy cuenta de que mi hermana el dicho de "A rey muerto, rey puesto" se lo tomó al pie de la letra. 

Entonces el llanto finalizó y empezaron los preparativos para la despedida.

Si hubiera sido por mi padre, lo hubiera dejado en la ventana y adios... Pero mi hermana quería despedirse como es debido y estar segura de que el bicho estaría feliz y que se reencontraría con su familia. Lo quería llevar al jardín de mi portal alegando que allí habían muchos bichos, alguno sería su padre. A las doce de la noche, salieron hija y padre a la calle. La hija llevaba dos lagrimones en los ojos pensando en el terrible adios y el padre iba aguantando la risa. Al parecer la situación le parecía cómica. Confieso que hoy día, con nuestra mente adulta... también nos parecería cómico, pero con la mentalidad de mi hermana Lau, la verdad, aquello era bastante fuerte y eso que la relación había durado tan sólo una tarde.

El adiós llegó, el bicho salió contento y mi hermana lo vio sonreir... jejejje como al Ratón Pérez.

5 comentarios:

Kikas dijo...

Me acabo de enterar que no tuve una infancia normal
Ya decía yo

Malvi dijo...

Lau, te lo dedico!

Malvi dijo...

jejejjeje Leiste la entrada antes de que la modificara... ¡caray! kikas, qué rápido eres!

Empecé diciendo que todos los niños que tienen una infacia normal, han tenido alguna vez una tortuga... Pero esa es otra entrada que en breve publicaré. También una historia de amor animal-niña protagonizada por mi hermana pequeña Lau, jejejje.

No te preocupes por no haber tenido una tortuga, hay quien no aprendió a montar en bici... esa es otra... todos los niños saben montar en bici!

un beso

Kikas dijo...

Bueno...pues guarda mi comentario para la siguiente entrada
¡Qué nivel! Corrigiendo entradas...nunca he tenido tiempo para hacerlo
Mi suegro no sabe nadar aunque viva al lado del mar y se criara al lado del Ebro...¿Tampoco tuvo una infancia normal? Eso me explicaría muchas cosas... (Glups, Espero que este blog no sea muy público)

Malvi dijo...

jajajajaj. No sé si es normal. La verdad. Lo que sí sé es que este blog no es muy público. jejeje